Ing. Agr. (M.Sc.) (H.Cs) Alfredo S. Molinas M.; Como Asesor Agroambiental, como Ex ministro de Ambiente y Ex Ministro de Agricultura y Ganadería de Paraguay, Actualmente Asesor de la Presidencia de la Universidad San Carlos (USC), deseamos compartir con ustedes unas apreciaciones sobre el fin del fondo ambiental más grande que ha llegado a la República del Paraguay y del cual muy poco se ha oído resultados concretos.
1.- Faltan poco más de 100 días para que
concluya el proyecto Paraguay + Verde y la pregunta que ninguna de las
instituciones responsables parece dispuesta a responder de manera sencilla es
la más elemental de todas: ¿QUÉ BENEFICIO CONCRETO DEJARON AL PAÍS LOS US$
50 MILLONES ADMINISTRADOS DURANTE ESTOS AÑOS?
2.- Nos preguntamos cuántos talleres se
realizaron, cuantas consultorías tuvieron un impacto real, cuántas reuniones se
organizaron y cuántos documentos fueron impresos como planes y proyectos que
están adornando las redes sociales de las instituciones.
3.- No preguntamos que cambio trajeron los 50
millones de USD al país, ahora que el proyecto esta por culminar. ¿Qué
reducción adicional de la pobreza puede atribuirse al proyecto? ¿Cuántas
comunidades indígenas mejoraron efectivamente sus ingresos y sus condiciones de
vida? ¿Cuántos productores recibieron incentivos para conservar bosques?
¿Cuánto se redujo la deforestación ilegal? ¿Cuántos proyectos productivos
sostenibles fueron financiados? ¿Qué capacidad permanente quedó instalada en
los territorios?
4.- Después de cinco años y de 50 millones de US$
gastados, estas preguntas deberían tener respuestas claras, acompañadas de
cifras verificables. Sin embargo, la información permanece fragmentada entre
páginas del PNUMA, PNUD, FAO, y el Fondo Verde para el Clima. Cada organismo
presenta sus actividades, pero nadie muestra el resultado consolidado para el
país.
II.- EL PRIMER FRACASO OCURRIÓ ANTES DE
COMENZAR
1.- El proyecto nació con una mala decisión. La
evaluación técnica reconoció que Paraguay podía acceder a aproximadamente US$
72,5 millones por las reducciones de emisiones forestales logradas entre 2015 y
2017. Sin embargo, el PNUMA, elegido como entidad acreditada, tenía un límite
de acreditación de US$ 50 millones.
2.- En consecuencia, la propuesta se redujo y
quedaron fuera US$ 22,5 millones que también correspondían al Paraguay. El
documento señalaba que el país podría presentar posteriormente otra propuesta
para solicitar los recursos restantes, pero hasta hoy no se conoce que ese
dinero haya sido recuperado por PNUMA, PNUD, FAO, quienes son los que manejaron
el proyecto en este tiempo.
3.- La pregunta es inevitable: ¿por qué se
eligió una entidad que no podía canalizar la totalidad del pago que
correspondía al país? ¿Quién asumió la responsabilidad por los US$ 22,5
millones que no fueron recibidos? ¿Qué gestión posterior realizó el estado y PNUMA,
PNUD, FAO para recuperar esos recursos?
4.- No fue el país el que incumplió. Fueron las
entidades seleccionada la que no tenía capacidad suficientes y tampoco fueron
sinceros con el país quien tuvo que soportar la pérdida de la oportunidad
financiera de 22,5 millones de USD.
5.- Este antecedente demuestra que los
problemas de Paraguay + Verde no comenzaron durante la ejecución. El proyecto
ya nació condicionado por las limitaciones de la agencia internacional
encargada de administrarlo.
III.- LOS PRODUCTORES DEL PAÍS PUSIERON LOS
BOSQUES Y LAS AGENCIAS SE LLEVARON EL DINERO
1.- Los US$ 50 millones recibidos por Paraguay
no fueron una donación ni un acto de generosidad del Fondo Verde del Clima.
Fueron un pago por resultados ambientales que el país ya había alcanzado
mediante la reducción de emisiones forestales durante el periodo 2015–2017.
2.- Esos resultados se produjeron sobre el
territorio nacional y, principalmente, sobre bosques ubicados en propiedades
privadas y territorios indígenas. Fueron los productores, propietarios rurales
y comunidades quienes conservaron los bosques, asumieron restricciones sobre el
uso de sus tierras y soportaron los costos económicos derivados de mantener
superficies que no podían incorporar plenamente a sus actividades productivas.
3.- Sin embargo, cuando llegó el momento de
recibir los beneficios, los verdaderos protagonistas de la conservación
quedaron relegados. La administración de los recursos fue entregada al Programa
de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), con participación del
PNUD y la FAO, que instalaron sus propias estructuras de ejecución, contrataron
especialistas y consultores, organizaron talleres, financiaron viajes y
distribuyeron los recursos conforme a sus procedimientos administrativos.
4.- De los US$ 50 millones, el proyecto destinó
US$ 5,23 millones solamente a su administración. Dentro de este presupuesto se
contemplaron US$ 1.050.000 para un oficial de proyecto, US$ 441.000 para viajes
y montos considerables para especialistas en finanzas, género, salvaguardas,
comunicación, gestión del conocimiento, administración y operaciones. A ello
deben agregarse oficinas, logística y costos directos del PNUMA, FAO y PNUD.
5.- Mientras la estructura administrativa fue
financiada desde el primer día, no se conoce una transferencia proporcional de
recursos hacia los productores que conservaron los bosques. Tampoco existe una
rendición consolidada que permita saber cuánto dinero llegó directamente a
comunidades indígenas, pequeños productores, propietarios de reservas
forestales o iniciativas productivas desarrolladas en el territorio.
6.- Las agencias pueden presentar como
resultados los planes elaborados, las plataformas diseñadas, los talleres
realizados y las personas capacitadas. Pero ninguna de estas actividades
modifica el hecho central: quienes generaron el resultado ambiental que
permitió acceder a los fondos no fueron quienes administraron ni recibieron la
mayor parte de sus beneficios.
7.- Incluso la certificación de más de 145.000
hectáreas de territorios indígenas, presentada como uno de los principales
logros del proyecto, debe ser explicada con mayor transparencia. Una superficie
certificada no significa necesariamente que los certificados hayan sido
vendidos ni que las comunidades hayan recibido ingresos. El resultado no debe
medirse únicamente en hectáreas registradas, sino en operaciones realizadas,
dinero efectivamente transferido y mejoras comprobables en las condiciones de
vida de sus propietarios.
8.- Algo similar ocurre con los productores
privados. Sus bosques fueron contabilizados para demostrar las reducciones de
emisiones del Paraguay, pero no se conoce un programa significativo de
incentivos, compensaciones o inversiones directas que les permita sostener
económicamente la conservación.
9.- Esta es una contradicción que se repite en
numerosos proyectos internacionales: el productor aparece como responsable
cuando se habla de emisiones, deforestación o degradación ambiental, pero
desaparece cuando llega el momento de distribuir los fondos.
10.- La cooperación internacional utiliza los
bosques privados para justificar resultados, presenta a las comunidades
indígenas como beneficiarias prioritarias y utiliza la pobreza rural como
argumento para acceder al financiamiento. Sin embargo, una vez aprobados los
recursos, la mayor capacidad de decisión y ejecución queda concentrada en las
agencias, sus equipos técnicos y sus procedimientos administrativos.
IV.- CASI US$ 18 MILLONES PARA UN FONDO QUE
NUNCA FUNCIONÓ
1.- Uno de los componentes más importantes de
Paraguay + Verde contemplaba US$ 18,67 millones para establecer el Fondo para
el Cambio Climático. De ese monto, aproximadamente US$ 17,85 millones debían
destinarse directamente a su capitalización.
2.- Este Fondo debía financiar iniciativas
concretas de mitigación y adaptación, permitiendo que universidades,
comunidades, asociaciones de productores, organizaciones e instituciones
nacionales presentaran proyectos y accedieran a los recursos.
3.- Nada de eso ocurrió en la escala prometida.
El Fondo nunca fue efectivamente establecido y puesto en funcionamiento.
Durante años se contrataron consultorías, se elaboraron borradores,
reglamentos, manuales, estructuras de gobernanza y alternativas fiduciarias. El
propio informe del proyecto correspondiente a 2023 reconocía que la
capitalización no había comenzado debido a los retrasos legales e
institucionales.
4.- A poco más de 100 días del cierre previsto,
las preguntas son obligatorias:
¿Dónde están actualmente los US$ 17,85 millones
destinados a la capitalización? ¿Continúan en poder del PNUMA? ¿Fueron
reprogramados? ¿Generaron intereses? ¿Se utilizaron para otras actividades?
¿Serán transferidos al país? ¿Volverán al Fondo Verde para el Clima? ¿Quién
tomó las decisiones sobre esos recursos?
5.- No basta con responder que el dinero se
encuentra contablemente reservado, es necesario explicar por qué, después de
cinco años, el instrumento que debía llevar financiamiento al territorio nunca
llegó a funcionar.
6.- Si el proyecto termina sin establecer y
capitalizar el Fondo para el Cambio Climático, no estaremos ante una simple
actividad pendiente, estaremos ante el mayor incumplimiento operativo de un
proyecto de cooperación ambiental de la historia de la Republica de Paraguay y
esto debe ser analizado para que nunca mas estas agencias administren dinero
publico.
V.- NO FUE FUTUROLOGÍA: LO ADVERTIMOS HACE
CINCO AÑOS
En abril de 2021 advertimos públicamente que
este proyecto podía terminar absorbido por agencias internacionales,
consultorías, gastos administrativos, infraestructura institucional y
documentos, mientras los verdaderos responsables de conservar los bosques
quedaban alejados de sus beneficios.
Cinco años después, Paraguay + Verde se
aproxima a su final sin que exista una rendición pública consolidada, sin que
el Fondo para el Cambio Climático haya operado como fue prometido y sin que se
conozca el destino efectivo de los casi US$ 18 millones previstos para su
capitalización.
Lo que advertimos ocurrió. No fue futurología.
Fue simplemente conocer cómo funcionan estas agencias: proyectos que comienzan
lentamente, estructuras administrativas que se instalan rápidamente, recursos
que se distribuyen entre organismos, decisiones que se retrasan, actividades
que se reprograman y resultados que nunca llegan al territorio en la dimensión
prometida.
VI.- ES HORA DE RENDIR CUENTAS Y EL CONGRESO
NACIONAL LO DEBE EXIGIR
1.- A poco más de 100 días de la culminación
prevista de Paraguay + Verde, ya no corresponde seguir esperando que las
instituciones responsables decidan voluntariamente explicar qué hicieron con
los recursos. La rendición de cuentas debe ser exigida por el Congreso
Nacional.
2.- Estamos hablando de US$ 50 millones
obtenidos mediante resultados ambientales generados por el Paraguay y
administrados en nombre del país. No importa que los recursos no hayan
ingresado directamente al Presupuesto General de la Nación ni que hayan sido
manejados por agencias de las Naciones Unidas.
3.- El resultado que permitió acceder al
financiamiento fue nacional, las instituciones públicas paraguayas participaron
en su formulación y ejecución, y los compromisos fueron asumidos en
representación de la República.
4.- El argumento de que los fondos fueron
administrados por el PNUMA no puede convertirse en una barrera para el control
público. Por el contrario, obliga a las autoridades paraguayas a explicar bajo
qué condiciones delegaron esa administración, qué mecanismos de supervisión
establecieron y cómo verificaron que los recursos fueran utilizados en
beneficio del país.
5.- El Congreso debe solicitar al MADES, al
MEF, al INFONA y al Ministerio de Relaciones Exteriores todos los antecedentes
relacionados con Paraguay + Verde: acuerdos, presupuestos, desembolsos,
modificaciones, informes financieros, auditorías, contrataciones, planes
operativos y evaluaciones de resultados.
6.- También debe exigir una explicación sobre
la selección del PNUMA como entidad acreditada, a pesar de que su límite de
acreditación impidió canalizar la totalidad de los aproximadamente US$ 72,5
millones que correspondían al Paraguay. Las autoridades deben informar qué
ocurrió con los US$ 22,5 millones restantes, si alguna vez se presentó una
segunda propuesta y quién asumió la responsabilidad por no recuperar esos
recursos.
7.- Otro punto central debe ser el destino de
los casi US$ 18 millones previstos para el Fondo para el Cambio Climático. El
Congreso debe requerir información precisa sobre dónde se encuentran esos
fondos, quién los administra actualmente, si fueron reprogramados, si generaron
intereses y qué ocurrirá con ellos después de la culminación del proyecto.
8.- No puede aceptarse una respuesta genérica
sobre retrasos institucionales. Después de cinco años, debe identificarse quién
tenía la responsabilidad de reglamentar y poner en funcionamiento el Fondo, qué
gestiones realizó, qué obstáculos encontró y por qué uno de los principales
resultados del proyecto nunca llegó a concretarse.
9.- Las agencias de las Naciones Unidas también
deben ser convocadas a presentar sus informes ante las comisiones del Congreso.
El PNUMA, el PNUD y la FAO administraron y ejecutaron componentes importantes
del proyecto, y aunque el Parlamento paraguayo no tenga sobre ellas las mismas
potestades coercitivas que posee sobre las instituciones nacionales, puede
exigir que el Gobierno obtenga y publique la totalidad de la información
financiera y técnica disponible.
10.- Estas agencias de las Naciones Unidas que
tanto se jactan de transparencia, deberían comparecer públicamente para
explicar su gestión. Si estas agencias sostienen que sus procedimientos son
transparentes y que los recursos fueron correctamente utilizados, no deberían
tener ningún inconveniente en presentar ante la representación nacional una
rendición completa.
11.- El Congreso debe solicitar además la
intervención de la Contraloría General de la República para que determine el
alcance de sus competencias sobre los recursos, bienes, obras y componentes
ejecutados por instituciones paraguayas. La nueva sede del MADES, los
vehículos, equipos, plataformas y demás bienes adquiridos deben formar parte de
un inventario público que identifique su costo, ubicación, estado y responsable
institucional.
12.- Para los fondos administrados directamente
por las agencias internacionales, debe exigirse al PNUMA y al Fondo Verde para
el Clima una auditoría financiera completa e independiente. No basta con los
informes elaborados por los mismos organismos encargados de ejecutar el
proyecto.
13.- La rendición debe informar, como mínimo,
cuánto recibió cada agencia; cuánto ejecutó; cuánto gastó en personal,
consultorías, viajes, talleres, comunicaciones y administración; cuánto
transfirió a instituciones nacionales; cuánto llegó a productores y
comunidades; qué contratos fueron firmados; quiénes fueron contratados; y qué
resultados verificables se obtuvieron.
14.- También debe establecer cuánto dinero
permanece sin ejecutar y cuál será su destino después del cierre.
15.- No queremos una ceremonia de clausura del
proyecto llena de discursos, fotografías y presentaciones institucionales.
Tampoco un documento elaborado para demostrar formalmente que todas las
actividades fueron cumplidas. Queremos una rendición que permita comparar cada
dólar utilizado con un resultado concreto en el territorio.
16.- Los US$ 50 millones no pertenecían al
PNUMA, al PNUD, a la FAO ni a los funcionarios que administraron Paraguay +
Verde. Fueron obtenidos gracias a resultados generados sobre el territorio y
los recursos naturales del Paraguay.
17.- Por eso, el país tiene derecho a saber qué
ocurrió con cada dólar. Y si las autoridades nacionales no quieren exigir esa
explicación, debe hacerlo el Congreso Nacional, y la Constitución Nacional le
da esa facultad.