Ing. Agr. (M.Sc.) (H.Cs) Alfredo S. Molinas M.;
Como Asesor Agroambiental, como Ex ministro de Ambiente y Ex Ministro de
Agricultura y Ganadería de Paraguay, Actualmente Asesor de la Presidencia de la
Universidad San Carlos (USC) y queremos compartir con ustedes esta reflexión
final sobre los que estuvimos investigando.
I.- INTRODUCCION
En las dos primeras partes de esta serie hemos
puesto sobre la mesa dos verdades que pocas veces se dicen con claridad:
§ Parte I: Los principales dueños y sostenedores de
los bosques paraguayos son los productores agropecuarios privados, quienes
conservan cerca del 80% de la cobertura forestal que aún queda en el país.
https://ing-alfredo-molinas.blogspot.com/2026/04/los-verdaderos-duenos-de-los-bosques.html
§ Parte II: Esa conservación tiene un costo
oportunidad no recaudado de entre USD 700 y 850 millones de dólares por año,
estimando por sobre la renta del productor
https://ing-alfredo-molinas.blogspot.com/2026/04/los-verdaderos-duenos-de-los-bosques_26.html
Hoy, en esta tercera y última parte, vamos más profundo:
no nos quedamos solo con lo que deja de ganar el productor. Analizamos el costo
de oportunidad real para toda la economía nacional, es decir, todo lo que deja
de moverse en la cadena productiva completa cuando se mantiene un bosque en pie
en lugar de destinarlo a producción.
II.- CONTEXTO
Cuando una hectárea de bosque se conserva y no
se pone en producción, no solo se pierde la ganancia neta del productor sino
que se pierde toda la actividad económica que esa hectárea genera a lo largo de
la cadena:
· Compra de semillas, fertilizantes, agroquímicos
y maquinarias.
· Mano de obra (empleados rurales, contratistas,
jornaleros).
· Transporte (camiones, combustible,
mantenimiento).
· Servicios de silos, puertos, exportación y
logística.
· Ganancia de proveedores nacionales e
internacionales (multinacionales de insumos).
· Impuestos indirectos y actividad de comercios,
hoteles, mecánicos, gastronómicos y toda la economía rural.
Este es el efecto multiplicador de la
producción agropecuaria. Cada dólar que genera el productor activa entre
2 y 3 veces más de actividad económica en el resto de la cadena (dato
conservador basado en estudios de cadenas productivas de soja y carne en
Paraguay).
Tomando como base los 11 millones de hectáreas
de bosque nativo en propiedad privada
· Costo directo (renta neta perdida del
productor): USD 700 – 850 millones/año.
·
Costo
total para la economía (con
multiplicador conservador de 2,5): entre USD 1.750 y 2.125 millones por año.
Eso significa que al conservar esos bosques el
país está dejando de mover más de USD 2.000 millones anuales en actividad
económica real.
Si extrapolamos a los últimos 20 años el
impacto acumulado supera fácilmente los USD 40.000 a 50.000 millones de dólares
que el país dejó de generar en toda su cadena productiva.
Este no es
un número abstracto y entre otros representa por lo mínimo lo siguiente:
-
Miles de
empleos rurales que no se crean.
-
Menor
movimiento socioeconómico en ambas regiones del país.
-
Menos
ingresos para transportistas, silos, puertos y proveedores.
-
Y menor
recaudación tributaria indirecta (IVA, IRAGRO, patentes, etc.).
III.- LA CONSERVACIÓN ES IMPORTANTE, PERO DEBE
SER SOSTENIBLE
Es importante resaltar que desde este blog
siempre hemos resaltado la importancia de conservar los bosques que como ya
dijimos tienen un valor ambiental, cultural, climático y hasta comercial y
gracias al esfuerzo de muchos actores del país entre los que sobresalen los
productores agropecuarios Paraguay mantiene una cobertura forestal muy alta de
su territorio (44,4%) y eso es un logro que debemos mantener.
El problema no es conservar. El problema es
cómo lo estamos haciendo; concentrando casi todo el costo económico en los
productores privados, sin incentivos reales y con cada vez más restricciones
que les desean imponer y que terminan afectando a la economía nacional.
Es urgente y necesario reconocer y mostrar al mundo que mantener ese 44,4% del territorio con una cobertura forestal tiene un precio real muy alto para toda la economía paraguaya y para el desarrollo de todos los paraguayos.
IV.- LAS IMPOSICIONES DEL SISTEMA FINANCIERO
En los últimos años el Banco Central del
Paraguay (BCP), a través de resoluciones como la N° 8/2018 y la más reciente
Guía sobre Gestión de Riesgos Financieros Relacionados con el Clima (2025), ha
impulsado fuertemente la gestión de riesgos socioambientales (SARAS) en todo el
sistema financiero.
Los bancos y financieras han adoptado estas
normativas y las presentan públicamente como un avance hacia la “financiación
sostenible”, la “economía verde” y el “apoyo a la conservación”. Sin embargo,
en la práctica cotidiana, cuando un productor solicita un crédito, ocurre
exactamente lo contrario; Los bancos consideran las superficies boscosas
(incluidas las reservas legales obligatorias) como tierras improductivas.
-
Valúan a
los bosques a un precio muy inferior (o directamente a cero) como garantía
real.
-
Reducen el
monto del crédito que se puede otorgar al tener bosques.
-
Aumentan
las tasas de interés o exigen mayores garantías adicionales.
-
En muchos
casos inclusive llegan a sugerir al productor hacer el desmonte hasta el máximo
legal para mejorar su “perfil” y tener acceso a mayor financiamiento.
Es decir, promueven públicamente la
conservación en sus redes sociales pero en el momento de evaluar el riesgo
crediticio, el bosque se convierte en un pasivo que no tiene valor para el
sistema bancario.
De esta forma, indirectamente influyen en el
aumento del costo de oportunidad que ya analizamos y castiga a los propietarios
de los bosques.
IV.- CONCLUSION
Los bosques paraguayos se mantienen en pie
principalmente gracias al esfuerzo de los productores agropecuarios, pero ese
esfuerzo tiene un costo que va mucho más allá de lo que pierde cada productor,
sino que es es un costo que paga toda la economía nacional.
Es hora de dejar de romantizar la conservación
como si fuera gratis. Es hora de medir su verdadero precio y de compartir ese
costo entre el Estado, la cooperación internacional, las ONG y la sociedad en
general.
Solo así lograremos lo que realmente
necesitamos como país, una valorización real de los bosques y un desarrollo
sostenible equilibrado.