Ing. Agr. (M.Sc.) (H.Cs) Alfredo S. Molinas M.;
Como Asesor Agroambiental, como Ex ministro de Ambiente y Ex Ministro de
Agricultura y Ganadería de Paraguay, Actualmente Asesor de la Presidencia de la
Universidad San Carlos (USC), deseamos compartir con ustedes una reflexión
sobre la nueva Política Forestal Nacional presentada por el INFONA.
I.- INTRODUCCIÓN
1.- La reciente publicación de la Política
Forestal Nacional constituye una iniciativa que merece ser reconocida. Paraguay
necesita una visión de largo plazo que permita fortalecer el sector forestal,
impulsar las plantaciones, promover la industrialización, valorizar los bosques
nativos y generar una relación equilibrada entre producción y conservación.
2.- Por ello, corresponde felicitar al Instituto
Forestal Nacional (INFONA) por haber dado este paso. Sin embargo, publicar una
política no puede ser presentado todavía como un logro para el país. Es apenas
el comienzo de un proceso cuyo verdadero valor dependerá de lo que ocurra en el
territorio.
3.- Paraguay ha acumulado durante años
numerosos planes, políticas, estrategias y programas. Muchos fueron presentados
públicamente con grandes expectativas (planes, reportes visores, etc.) pero
después no se tradujeron en cambios concretos para los productores,
propietarios, industrias y comunidades que conviven diariamente con los
recursos forestales.
4.- Los bosques no se conservan porque exista
un nuevo documento institucional. Se conservan porque hay propietarios y
productores que los mantienen, los protegen de incendios y ocupaciones, asumen
los costos de su cuidado y renuncian a otros usos económicamente más rentables
de sus tierras.
5.- En el papel, el productor suele ser
presentado como un “actor clave”. En el campo, sin embargo, muchas veces es
tratado como un sospechoso y en lugar de apoyo de las instituciones de gobierno
continuamente deben enfrentar trámites demorados, criterios diferentes entre
funcionarios, superposición de instituciones, errores en la información oficial
y fiscalizaciones que no siempre respetan las garantías mínimas hacia el
productor.
II.- LOS GRANDES PROBLEMAS SIGUEN PENDIENTES
1.- La principal debilidad de la nueva política
es que presenta objetivos generales y aspiraciones positivas, pero posterga las
decisiones concretas para futuros planes regionales y sectoriales.
2.- No establece suficientemente qué resultados
deberán alcanzarse, en qué plazos, con qué presupuesto y bajo la
responsabilidad de qué instituciones. Así, se corre el riesgo de contar con una
política que todos pueden afirmar que están cumpliendo, pero cuyos resultados
nadie puede medir.
3.- Al mismo tiempo, permanecen sin respuestas
algunos de los problemas más importantes del sector. Sigue pendiente una
definición clara sobre la reglamentación del artículo 42 de la Ley Forestal,
pese a la instrucción dada al INFONA mediante el Decreto N.º 175/2018.
4.- Tampoco se plantea qué ocurrirá después de
2030 con la prohibición de transformación y conversión de superficies con
bosques en la Región Oriental.
5.- Igualmente, se promueven nuevas
certificaciones y mecanismos de trazabilidad sin analizar primero los problemas
de aplicación que ya presenta el régimen de certificación de biomasa que fue
promovido por el MOPC y no es aplicable.
6.- Por tanto, antes de crear nuevas
exigencias, el estado debería analizar por qué las existentes no han funcionado
adecuadamente y cuánto cuesta cumplirlas.
7.- También llama la atención que la política
incorpore los ODS como parte de sus compromisos internacionales, cuando el PND
Paraguay 2050 no los incluye dentro del actual marco rector de la planificación
nacional.
8.- Una política sectorial debe responder
primero a las prioridades definidas por el país y explicar claramente por qué
incorpora marcos internacionales que no forman parte del principal instrumento
nacional de planificación.
III.- LA TRANSFORMACIÓN DEBE COMENZAR DENTRO
DEL INFONA
1.- La política pretende transformar al sector
forestal, pero dice muy poco sobre la transformación interna que necesita el
propio INFONA.
2.- No alcanza con mejorar el monitoreo
satelital, crear nuevas plataformas o aumentar los controles. También es
necesario reducir los tiempos de respuesta, simplificar trámites, uniformar
criterios, profesionalizar las fiscalizaciones, corregir errores cartográficos
y garantizar mecanismos transparentes de revisión y reclamo.
3.- El Estado no puede exigir eficiencia,
trazabilidad y cumplimiento al sector privado sin asumir esas mismas
obligaciones dentro de sus instituciones.
4.- Además, Paraguay no puede aplicar una única
respuesta a dos realidades forestales profundamente diferentes. La Región
Oriental necesita resolver el futuro de sus remanentes forestales, las
plantaciones, la biomasa y el escenario posterior a 2030. Y la Región del Chaco
requiere seguridad jurídica para el cambio de uso legal, el manejo de reservas,
las franjas forestales, los incendios y la convivencia entre producción y
conservación.
5.- Una política nacional puede establecer una
visión común, pero debe desarrollar estrategias claramente diferenciadas para
ambas regiones.
IV.- DEL DOCUMENTO AL TERRITORIO
1.- La Política Forestal Nacional puede
convertirse en una herramienta valiosa, pero para ello debe abandonar
rápidamente el plano de las declaraciones y traducirse en acciones concretas.
2.- El verdadero logro de una política no será
la publicación del documento, sino que los productores reciban respuestas
oportunas, que las normas sean claras, que las fiscalizaciones respeten
derechos, que existan incentivos reales para para el sector forestal, que
aumenten las plantaciones, que las industrias dispongan de materia prima legal
y que el bosque nativo tenga alternativas de manejo sostenible.
3.- Felicitamos al INFONA por la iniciativa.
Pero la buena voluntad no basta.
4.- Paraguay no necesita más logros de papel.
Necesita instituciones eficientes, seguridad jurídica y resultados que puedan
verse en el campo.
5.- Esa será la verdadera medida del éxito de
la nueva Política Forestal Nacional.