Ing. Agr. (M.Sc.) (H.Cs) Alfredo S. Molinas M.;
Como Asesor Agroambiental, como Ex ministro de Ambiente y Ex Ministro de
Agricultura y Ganadería de Paraguay, Actualmente Asesor de la Presidencia de la
Universidad San Carlos (USC), me permito presentar unos comentarios acerca del último
Reporte de Cobertura Forestal presentado por el Instituto Forestal Nacional
(INFONA) donde se exponen los datos sobre el uso de suelo y el cambio de uso de
suelo de Paraguay.
1. Introducción
La publicación de los reportes nacionales de
cobertura forestal constituye un avance institucional relevante para el
Paraguay y no solo constituye una condición indispensable para la planificación
territorial, sino que está vinculado con el diseño de políticas públicas, el
cumplimiento de compromisos internacionales y la defensa del país frente a
regulaciones internacionales cada vez más exigentes.
Un mapa oficial no es simplemente una
representación cartográfica gubernamental sino que es un instrumento de Estado
que define líneas base, delimita obligaciones y orienta políticas públicas. Por
ello, la estabilidad y consistencia metodológica de esos datos son importantes
y hay que tener en cuenta con cada actualización.
Todo dato de un mapa debe transformarse en información,
pero si las metodologías que sustentan los datos son modificadas de manera
permanente, no son consolidados en una serie histórica, o se cambian las
definiciones que alteran la línea base, las consecuencias del informe ya no son
solo estadísticas nacionales sino que impacta directamente en la previsibilidad
de las políticas productivas de largo plazo. Y sin previsibilidad, no hay
desarrollo sostenible posible.
Los mapas oficiales del Instituto Forestal
Nacional (INFONA) determinan, líneas base de deforestación, compromisos
climáticos del país, construcción del Inventario Nacional de Gases de Efecto
Invernadero, la defensa frente a regulaciones internacionales como el EUDR y
por sobre todo la seguridad jurídica de miles de productores.
Por eso, cuando la superficie oficial de bosque
cambia no porque el territorio haya cambiado sino porque la metodología fue
ajustada, el problema deja de ser técnico y se convierte en un problema institucional
y relevante para el sector afectado.
2. El impacto real de los mapas oficiales
Como ya dijimos los mapas oficiales de
cobertura forestal no son documentos académicos ni insumos exclusivamente
técnicos. Son la referencia oficial del estado paraguayo sobre qué es bosque,
dónde está ubicado y cuánto existe.
Sobre esa base y esas definiciones se aprueban los
Planes de Uso de la Tierra, se otorgan autorizaciones, se diseñan incentivos
productivos, se estructuran líneas de crédito, se negocian compromisos
internacionales y se defiende la posición país frente a auditorías externas.
Cada hectárea identificada en esos mapas tiene implicancias jurídicas,
económicas y políticas concretas.
Cuando el propio Estado modifica la superficie
reconocida oficialmente, no está simplemente corrigiendo un algoritmo y
mejorando las metodologías, sino que está alterando la línea base sobre la cual
se tomaron decisiones pasadas y se planificaron inversiones futuras.
3. Cuando la metodología cambia las reglas
Mejorar la metodología es deseable, nadie
discute eso, pero existe un principio básico en estadística oficial en donde
las series deben ser consistentes en el tiempo. Y si se cambia el criterio, se
debe recalcular toda la serie histórica bajo el mismo estándar y consolidar
formalmente la nueva base.
Lo que no puede ocurrir es una actualización
parcial que modifica la superficie reconocida oficialmente sin rehacer
integralmente el pasado.
Si una metodología ajustada detecta más
fragmentos, redefine la unidad mínima de mapeo o incorpora criterios distintos
de clasificación, la consecuencia inmediata es que cambian las cifras
oficiales. Y cuando cambian las cifras oficiales, cambian también las tasas de
deforestación, las comparaciones históricas y la narrativa pública sobre el
desempeño ambiental del país.
Aunque hoy las cifras sean positivas a gran
escala, en menor escala un productor en el campo podria ver afectada la
superficie de su bosque por la reinterpretación de cada nuevo informe y la
estadística oficial se convierte en una variable móvil, que hoy en día hasta
los bancos podrían exigir que se reforeste más o que se conserve más, por sobre
los permisos anteriores ya obtenidos.
Cada hectárea que aparece o desaparece en un
mapa oficial tiene implicancias económicas y jurídicas concretas, y cuando el
propio INFONA publica un nuevo informe donde se reduce la unidad mínima de
mapeo, se detectan más fragmentos y se reajusta la superficie oficial, no solo
está mejorando la técnica de medición sino que está alterando la base sobre la
cual se tomaron decisiones pasadas.
Y eso tiene impacto directo sobre quienes
actuaron conforme a la información oficial vigente en su momento.
4. El productor en el medio
Las consecuencias de los ajustes metodológicos
y las redefiniciones técnicas no la asumen las instituciones, las universidades
o los propios técnicos que reconfiguran las metodologías, sino que lo asumen el
productor paraguayo.
Un productor que, en 2022, presentó su Plan de
Uso de la Tierra conforme a la legislación vigente, que utilizó el mapa oficial
publicado por el propio INFONA, y que solicitó permisos en base a la superficie
forestal reconocida oficialmente en ese momento, que invirtió capital, asumió
riesgos, accedió a financiamiento y tomó decisiones productivas de largo plazo con
esos datos oficiales.
Ese productor actuó de buena fe y utilizando la
información proporcionada por el Estado, ahora esta en la incertidumbre
particular, donde un nuevo escenario forestal lo deja rehén de definiciones y
conceptos que se alteran cada dos años.
Es el productor que debe enfrentarse a
cuestionamientos administrativos, financieros o reputacionales porque el Estado
decidió ajustar su metodología sin consolidar formalmente la serie histórica. Y
como el dato oficial cambia en los números pues también cambia la percepción de
cumplimiento y las exigencias de los bancos que hoy en día asuman un rol
ambiental que no les corresponde.
5. El riesgo país
Paraguay está en un contexto internacional cada
vez más exigente, donde las estadísticas ambientales y forestales son
examinadas con lupa por gobiernos, mercados financieros, organismos
multilaterales y regulaciones como el EUDR.
En ese escenario, la consistencia de la
información oficial no es un detalle técnico, y cuando el país presenta una
serie histórica de cobertura forestal, esa serie debe ser sólida, coherente y
estable. Si las cifras oficiales cambian con cada actualización metodológica,
el mensaje que se proyecta hacia afuera no es de mejora técnica, sino de
incertidumbre de las estadísticas.
En un contexto de presión internacional,
cualquier variación en la superficie oficialmente reconocida puede ser
utilizada para cuestionar la consistencia de los datos nacionales, ya que el
propio INFONA reconoce que versiones anteriores subestimaban o ajustaban
superficie que el propio INFONA había publicado.
El cambio de metodologías y definiciones
probablemente no fue analizado desde una visión estratégica país, ya que un
país que transmite variabilidad constante transmite riesgo. Por eso, el debate
no es si la metodología puede mejorar , sino que el debate es si esa mejora se
gestiona con visión de Estado o como un proceso técnico aislado de sus
implicancias políticas y económicas.
6. Conclusión
La mejora metodológica es siempre necesaria y la
actualización de los datos es siempre positivo, es por ello que estamos 100% de
acuerdo que el avance técnico debe ser acompañado y fortalecido. Pero una cosa
es perfeccionar la metodología y otra muy distinta es alterar, de manera
recurrente, la base oficial sobre la cual se construyen políticas productivas,
decisiones económicas y compromisos internacionales.
El mapa oficial de cobertura forestal no es un
ejercicio académico en permanente revisión. Es un instrumento de Estado. Y los
instrumentos de Estado requieren estabilidad, coherencia y previsibilidad. Si
cada nueva publicación modifica la línea base, ajusta superficies previamente
reconocidas o introduce criterios que alteran la comparabilidad histórica, el
problema deja de ser cartográfico y pasa a ser institucional.
Paraguay necesita datos nacionales sólidos,
pero más que datos cambiantes, necesita información confiable en el tiempo. La
seguridad jurídica no puede depender del algoritmo vigente en cada informe.
Si el país quiere defender su modelo productivo
con argumentos técnicos sólidos, la estabilidad del dato oficial es una
condición indispensable. Pero cuando el mapa y las cifras cambias
constantemente, no solo cambian los números sino que cambia la certidumbre de
la información.
El INFONA debe comprender que la mejora técnica
debe ser analítica con los impactos que podrían ocurrir al utilizar nuevas definiciones
o conceptos internacionales que ni siquiera forman parte del marco legal del
país.
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