26 abr 2026

LOS VERDADEROS DUEÑOS DE LOS BOSQUES, LOS PRODUCTORES AGROPECUARIOS - PARTE II – ABRIL 2026

Ing. Agr. (M.Sc.) (H.Cs) Alfredo S. Molinas M.; Como Asesor Agroambiental, como Ex ministro de Ambiente y Ex Ministro de Agricultura y Ganadería de Paraguay, Actualmente Asesor de la Presidencia de la Universidad San Carlos (USC) nos gustaría compartir con ustedes un punto de visto sobre quienes conservan y mantienen los bosques del país.

 

I.- INTRODUCCION

En la publicación anterior explicamos que los principales dueños y sostenedores de los bosques paraguayos son los productores agropecuarios privados, quienes conservan y mantienen cerca del 80% de la cobertura forestal que aún existe en el país.


Hoy damos un paso más y ponemos números a una pregunta que pocas veces se responde con claridad en los informes de las agencias de cooperación o en las publicaciones gubernamentales; ¿Quién realmente carga con el costo económico de conservar millones de hectáreas de bosque nativo?.

Cuando se habla de ganaderos y agricultores, siempre se menciona la superficie productiva, las cabezas de ganado o los rendimientos por hectárea. Muy pocas veces se reflexiona sobre el rol que cumplen los productores en el sistema de conservación normativo que les obliga a dejar sin tocar entre el 25% y el 50% de sus propiedades.

En los últimos años se habla mucho de nuevos incentivos (mercados de carbono, pagos por servicios ambientales, etc.), pero en la práctica su impacto económico sigue siendo mínimo para las familias que viven y producen en el campo.

La producción no solo genera ingresos para el productor: genera empleo, desarrollo rural y un importante flujo económico para todo el país. Cada hectárea agrícola o ganadera moviliza una cadena interminable de personas: empleados, transportistas, vendedores, gastronómicos, hoteles, mecánicos, silos, puertos y muchos más. Especialmente los productores de carne y los denominados “sojeros” que sostienen gran parte de esa cadena.

Este artículo busca visibilizar ese “valor oculto” o “costo no dimensionado” de lo que los productores dejan de percibir por conservar sus bosques, lo que el Estado deja de recaudar y lo que el país entero deja de crecer.

Ojo, no se trata de discutir si conservar bosques es bueno o malo. Los beneficios ambientales son reales e importantes. Se trata de ponerle números al costo económico de esa conservación y de reconocer quién está pagando la cuenta en Paraguay.

II.- CONTEXTO

Según el último reporte del INFONA (2022-2024), Paraguay mantiene 17,76 millones de hectáreas con cobertura forestal. De ellas, unos 14,69 millones son bosque nativo, concentrados mayoritariamente en el Chaco. Y como ya vimos, cerca del 80 % de esa superficie está en manos privadas: aproximadamente 11,7 millones de hectáreas.

Si bien estamos haciendo nuestros propios análisis, asimismo datos de otras publicaciones donde se estiman que el costo oportunidad por hectárea ganadera es de aproximadamente entre USD 50 a 70 por año. Con lo cual esto sería el equivalente por hectárea a la renta no generada, ya que al existir los bosques no se tienen animales, por tanto, menos kilos de carne producidos y menos ingresos.

Al hacer una cuenta sencilla y conservadora, de las aproximadamente 11 millones de hectáreas de bosques nativos en propiedad privada:

La gran mayoría (alrededor del 80-82%) está en el Chaco (Región Occidental), donde la principal actividad posible es la ganadería.

·       Ingreso bruto promedio por hectárea en ganadería chaqueña: USD 120 – 150 por año.

·       Margen neto aproximado (lo que realmente deja de ganar el productor): USD 50 – 65 por hectárea/año.

El resto (aprox. 18-20%) está en la Región Oriental, donde parte de esa superficie podría destinarse a agricultura (soja, maíz, etc.).

·       Ingreso bruto promedio en agricultura: USD 900 – 1.300 por hectárea/año (dependiendo del cultivo y precios).

Cálculo conservador ponderado:

·        9 millones de ha (Chaco – ganadería) × USD 55 netos/ha/año = USD 495 millones

·        2 millones de ha (Oriental – mixto) × USD 120 netos/ha/año (promedio más conservador) = USD 240 millones

Total aproximado que el país deja de percibir anualmente: entre USD 700 y 850 millones de dólares. (la cifra real podria superar fácilmente los USD 1.000 millones por año).

Esta cifra de lo que no se percibe anualmente representa producción, empleo, divisas y aumento de recaudación tributaria que no se tienen por mantener los bosques. Si extrapolamos esta cuenta a los últimos 20 años (desde la Ley de Deforestación Cero), el monto que el país ha dejado de percibir supera los USD 20.000 millones, con una recaudación tributaria perdida aproximada a los USD 2.000 millones.

Estos números no son teóricos, sino que representan un valor estimado de carne, leche, soja y otros productos que no se produjeron, ingresos que no se tuvo e impuestos que se dejan de recaudar y lo principales el desarrollo rural que se posterga.

Mientras los productores asumen este costo de oportunidad (reservas legales del 25-40%, planes de manejo, trámites interminables), sectores importantes siguen pintándolos como “enemigos del medio ambiente”. Cada vez aparecen más proyectos de ley que buscan endurecer las restricciones a la producción sin medir el impacto real sobre la economía nacional.

Los políticos hablan constantemente de “mayores necesidades para la gente”, de “país en vías de desarrollo” y de combatir la pobreza. Sin embargo, al mismo tiempo impulsan normas que convierten extensas áreas del Chaco en verdaderos “museos vivientes”, bosques bonitos para fotos y reportes internacionales, pero que generan cada vez menos riqueza para las familias paraguayas.

La conservación es importante, ¿Dónde queda el equilibrio? Porque la conservación de los bosques recae en el bolsillo de los productores, donde no hay incentivos y los tramites gubernamentales cada son más engorrosos, sumados a presiones financieras que desean imponer desde el propio Banco Central del Paraguay.

Estamos en un circunstancia donde la búsqueda del equilibrio es la prioridad, la conservación es necesario pero no se puede hacerlo sin verdadero desarrollo.

III.- CONCLUSIÓN

Los bosques paraguayos tienen un valor intangible enorme (cultural, étnico, ambiental y global). Pero mantenerlos también cuesta mucho, y esa cuenta la están pagando principalmente los productores agropecuarios.

Es hora de dejar de romantizar la conservación y empezar a medir su verdadero precio económico. Solo así podremos tomar decisiones estratégicas para el país, cuánto conservamos, cómo lo financiamos y cómo repartimos el costo de forma justa entre todos los actores.

Al final del día, cuando las ONG, la cooperación internacional y las instituciones gubernamentales se van a dormir después de hablar en nombre de la “conservación de los bosques”, los que quedan pagando la cuenta real de esa conservación son los productores agropecuarios de Paraguay.

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Medio Ambiente

El medio ambiente debe ser considerado como parte integral y armónica del conjunto de tareas que garanticen el desarrollo sostenible de un país como Paraguay (Molinas 2006).

El problema de la sostenibilidad es en el fondo un problema de desarrollo, de erradicación de la pobreza, de educación colectiva, de mentalidad y hábitos sociales, de cultura política, de mecanismos institucionales que incorporen la participación de la sociedad civil en la toma de decisiones, de nuevas formas de producir y de consumir, de equidad y cooperación en las relaciones internacionales, se trata, en suma, de colocar al ser humano en el centro de nuestras preocupaciones, porque si las personas no están protegidas, la naturaleza tendrá, entonces, pocas oportunidades.

Para avanzar verdaderamente hacia el desarrollo sostenible debemos asumir nuestra responsabilidad local con enfoque global en la lucha que la humanidad esta encarando por preservar en el largo plazo los ciclos vitales de la vida de los que depende la existencia misma del ser humano sobre la tierra, debemos hacer un esfuerzo local con perspectiva global (Molinas 2008).