Ing. Agr. (M.Sc.) (H.Cs) Alfredo S. Molinas M.; Como Asesor Agroambiental, como Ex ministro de Ambiente y Ex Ministro de Agricultura y Ganadería de Paraguay, Actualmente Asesor de la Presidencia de la Universidad San Carlos (USC) nos gustaría compartir con ustedes un punto de visto sobre quienes conservan y mantienen los bosques del país.
I.- INTRODUCCION
En la publicación anterior explicamos que los principales dueños y
sostenedores de los bosques paraguayos son los productores agropecuarios
privados, quienes conservan y mantienen cerca del 80% de la cobertura forestal
que aún existe en el país.
Hoy damos un paso más y ponemos números a una pregunta que pocas veces
se responde con claridad en los informes de las agencias de cooperación o en
las publicaciones gubernamentales; ¿Quién realmente carga con el costo
económico de conservar millones de hectáreas de bosque nativo?.
Cuando se habla de ganaderos y agricultores, siempre se menciona la
superficie productiva, las cabezas de ganado o los rendimientos por hectárea.
Muy pocas veces se reflexiona sobre el rol que cumplen los productores en el
sistema de conservación normativo que les obliga a dejar sin tocar entre el 25%
y el 50% de sus propiedades.
En los últimos años se habla mucho de nuevos incentivos (mercados de
carbono, pagos por servicios ambientales, etc.), pero en la práctica su impacto
económico sigue siendo mínimo para las familias que viven y producen en el
campo.
La producción no solo genera ingresos para el productor: genera empleo,
desarrollo rural y un importante flujo económico para todo el país. Cada
hectárea agrícola o ganadera moviliza una cadena interminable de personas:
empleados, transportistas, vendedores, gastronómicos, hoteles, mecánicos,
silos, puertos y muchos más. Especialmente los productores de carne y los
denominados “sojeros” que sostienen gran parte de esa cadena.
Este artículo busca visibilizar ese “valor oculto” o “costo no
dimensionado” de lo que los productores dejan de percibir por conservar sus
bosques, lo que el Estado deja de recaudar y lo que el país entero deja de
crecer.
Ojo, no se trata de discutir si conservar bosques es bueno o malo. Los
beneficios ambientales son reales e importantes. Se trata de ponerle números al
costo económico de esa conservación y de reconocer quién está pagando la cuenta
en Paraguay.
II.- CONTEXTO
Según el último reporte del INFONA (2022-2024), Paraguay mantiene 17,76
millones de hectáreas con cobertura forestal. De ellas, unos 14,69 millones son
bosque nativo, concentrados mayoritariamente en el Chaco. Y como ya vimos,
cerca del 80 % de esa superficie está en manos privadas: aproximadamente 11,7
millones de hectáreas.
Si bien estamos haciendo nuestros propios análisis, asimismo datos de
otras publicaciones donde se estiman que el costo oportunidad por hectárea ganadera
es de aproximadamente entre USD 50 a 70 por año. Con lo cual esto sería el
equivalente por hectárea a la renta no generada, ya que al existir los bosques
no se tienen animales, por tanto, menos kilos de carne producidos y menos
ingresos.
Al hacer una cuenta sencilla y
conservadora, de las aproximadamente 11 millones de hectáreas de bosques
nativos en propiedad privada:
La gran mayoría (alrededor del 80-82%) está en el Chaco (Región
Occidental), donde la principal actividad posible es la ganadería.
·
Ingreso
bruto promedio por hectárea en ganadería chaqueña: USD 120 – 150 por año.
·
Margen
neto aproximado (lo que realmente deja de ganar el productor): USD 50 – 65 por
hectárea/año.
El resto (aprox. 18-20%) está en la Región
Oriental, donde parte de esa superficie podría destinarse a agricultura (soja,
maíz, etc.).
· Ingreso bruto promedio en agricultura: USD 900
– 1.300 por hectárea/año (dependiendo del cultivo y precios).
Cálculo
conservador ponderado:
·
9 millones
de ha (Chaco – ganadería) × USD 55 netos/ha/año = USD 495 millones
·
2 millones
de ha (Oriental – mixto) × USD 120 netos/ha/año (promedio más conservador) =
USD 240 millones
Total
aproximado que el país deja de percibir anualmente: entre USD 700 y 850
millones de dólares. (la cifra real podria
superar fácilmente los USD 1.000 millones por año).
Esta cifra de lo que no se
percibe anualmente representa producción, empleo, divisas y aumento de
recaudación tributaria que no se tienen por mantener los bosques. Si
extrapolamos esta cuenta a los últimos 20 años (desde la Ley de Deforestación
Cero), el monto que el país ha dejado de percibir supera los USD 20.000
millones, con una recaudación tributaria perdida aproximada a los USD 2.000
millones.
Estos números no son teóricos, sino que representan
un valor estimado de carne, leche, soja y otros productos que no se produjeron,
ingresos que no se tuvo e impuestos que se dejan de recaudar y lo principales
el desarrollo rural que se posterga.
Mientras los productores
asumen este costo de oportunidad (reservas legales del 25-40%, planes de
manejo, trámites interminables), sectores importantes siguen pintándolos como
“enemigos del medio ambiente”. Cada vez aparecen más proyectos de ley que
buscan endurecer las restricciones a la producción sin medir el impacto real
sobre la economía nacional.
Los políticos hablan
constantemente de “mayores necesidades para la gente”, de “país en vías de
desarrollo” y de combatir la pobreza. Sin embargo, al mismo tiempo impulsan
normas que convierten extensas áreas del Chaco en verdaderos “museos vivientes”,
bosques bonitos para fotos y reportes internacionales, pero que generan cada
vez menos riqueza para las familias paraguayas.
La conservación es importante, ¿Dónde queda el
equilibrio? Porque la conservación de los bosques recae en el bolsillo de los
productores, donde no hay incentivos y los tramites gubernamentales cada son más
engorrosos, sumados a presiones financieras que desean imponer desde el propio
Banco Central del Paraguay.
Estamos en un circunstancia donde la búsqueda
del equilibrio es la prioridad, la conservación es necesario pero no se puede
hacerlo sin verdadero desarrollo.
III.- CONCLUSIÓN
Los bosques paraguayos tienen un valor
intangible enorme (cultural, étnico, ambiental y global). Pero mantenerlos
también cuesta mucho, y esa cuenta la están pagando principalmente los
productores agropecuarios.
Es hora de dejar de romantizar la conservación
y empezar a medir su verdadero precio económico. Solo así podremos tomar
decisiones estratégicas para el país, cuánto conservamos, cómo lo financiamos y
cómo repartimos el costo de forma justa entre todos los actores.
Al final del día, cuando las ONG, la
cooperación internacional y las instituciones gubernamentales se van a dormir
después de hablar en nombre de la “conservación de los bosques”, los que quedan
pagando la cuenta real de esa conservación son los productores agropecuarios de
Paraguay.
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