Ing. Agr. (M.Sc.)
(H.Cs) Alfredo S. Molinas M.; Como Asesor Agroambiental, como Ex ministro de
Ambiente y Ex Ministro de Agricultura y Ganadería de Paraguay, Actualmente
Asesor de la Presidencia de la Universidad San Carlos (USC), deseamos compartir con
ustedes una reflexión sobre la agenda climática internacional para lo cual mantuvimos
con el Biólogo Jorge Martínez quien en su momento fue negociador paraguayo
del Acuerdo de Paris firmado en el 2015.
I.- Antes de la COP
¿Qué son las reuniones intermedias de la CMNUCC?:
Cada año antes de la
Conferencia de las Partes, conocida como “COP”, los países se reúnen en Bonn,
Alemania, en lo que se conoce como las reuniones de los Órganos Subsidiarios de
la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. No son la
COP propiamente dicha, pero funcionan operativamente como una antesala técnica
y política, donde se preparan textos, se ordenan desacuerdos y se definen los
temas que luego llegarán a la negociación final.
Estos órganos son
principalmente dos: el SBI, encargado de los temas de implementación, y el
SBSTA, encargado del asesoramiento científico y tecnológico. Ambos se reúnen
tradicionalmente dos veces al año; una vez en Bonn y otra durante la COP.
Por eso, aunque estas
reuniones no tengan la visibilidad política de una COP, sus resultados son
importantes. Muchas veces, lo que no se resuelve en Bonn llega trabado a la COP
y lo que se instala en Bonn como lenguaje técnico puede terminar convirtiéndose
luego en decisión política internacional.
II.- Reunión intermedia
de Junio de 2026 y el camino hacia la COP31:
La reciente reunión
intermedia de la SB64 se realizó en Bonn del 8 al 18 de junio de 2026. En esta
reunión particularmente no se aprobaron grandes decisiones finales, pero sí se
discutieron varios temas que llegarán a la COP31: adaptación, financiamiento
climático, mitigación, transición justa, comercio y cambio climático, ciencia
climática y el programa de trabajo sobre agricultura y seguridad alimentaria.
Aquí está el punto
central para Paraguay, que cuando estos temas avanzan en la agenda
internacional, tarde o temprano se traducen en exigencias de reporte,
indicadores, acceso a financiamiento, condiciones comerciales o nuevas
narrativas sobre los sectores productivos.
III.- Puntos que pueden
impactar al sector agropecuario:
El primer tema es la
adaptación, ya que la agricultura es uno de los sectores más expuestos a
sequías, inundaciones, olas de calor, incendios, cambios en los regímenes de
lluvia y eventos extremos.
Sin embargo, en Bonn no
hubo acuerdo sobre el Objetivo Global de Adaptación, justamente por desacuerdos
vinculados al financiamiento, los indicadores y la forma de medir el avance. El
tema fue trasladado a la COP31 sin texto acordado.
El segundo tema es el
financiamiento climático. Los países en desarrollo vienen insistiendo en que no
se pueden exigir nuevas acciones climáticas sin recursos, tecnología y
fortalecimiento de capacidades.
Este es un punto de
conflicto eterno entre los países desarrollados y países en desarrollo,
especialmente sobre cuánto debe ser financiamiento público, quién debe
proveerlo y cómo se accede efectivamente a esos recursos.
El tercer tema es la
mitigación, donde tampoco se logró acuerdos en las reuniones de junio y fue
dejado para las reuniones de la próxima COP31.
El tema de mitigacion
es importante porque cuando se habla de reducción de emisiones, muchos actores
internacionales tienden a mirar rápidamente hacia la agricultura, la ganadería,
el uso de la tierra y los sistemas alimentarios, aun cuando el peso global de
las emisiones está concentrado principalmente en energía, industria y
transporte.
El cuarto tema es
comercio y cambio climático. En Bonn se realizó el primer diálogo formal sobre
clima y comercio, un espacio que parte como una discusión estéril y útil para
cooperación, pero también riesgoso para países exportadores de alimentos.
Los países en
desarrollo desde hace tiempo vienen advirtiendo que ciertas medidas climáticas que
algunos países y grupos de países promueven tienen un impacto en el comercio y
esto puede aumentar costos, restringir acceso a mercados y funcionar como
barreras comerciales encubiertas.
El quinto tema, y
quizás el más directo para Paraguay, es el Programa de Trabajo de Sharm
el-Sheikh sobre agricultura y seguridad alimentaria. En esta reunión se
continuó el tratamiento de este proceso, se reconoció que los países están
incorporando cada vez más la acción climática en agricultura, sistemas y
seguridad alimentarios dentro de sus planes nacionales, y se acordó seguir el
tratamiento del tema durante la COP31.
IV.- ¿Por qué la
agricultura queda siempre “en la mira”?:
La agricultura queda
siempre “en la mira” no porque sea la principal responsable del cambio
climático global, sino porque es un sector visible, territorial, medible y
políticamente fácil de señalar. Produce alimentos, utiliza el suelo, depende
del clima, trabaja con recursos naturales, sostiene cadenas de exportación y
está presente en millones de hectáreas.
Esa visibilidad hace
que muchos actores internacionales intenten convertir al sector agropecuario en
el rostro del problema climático, aun cuando los mayores responsables globales
se encuentran principalmente en energía, industria, transporte y consumo urbano.
Esta es una distorsión
que Paraguay debe enfrentar con claridad. La agricultura y la ganadería no
pueden ser tratadas como si fueran equivalentes a los grandes complejos
industriales, energéticos o de transporte de los países desarrollados. Una cosa
es producir alimentos, carne, granos, leche, fibras y materias primas para
alimentar a la población mundial, y otra muy distinta es sostener modelos de
consumo altamente intensivos en energía fósil, transporte, calefacción,
refrigeración, industrias pesadas y estilos de vida urbanos de alto impacto.
El propio IPCC muestra
que la discusión no puede simplificarse ya que, en el Sexto Informe de
Evaluación, el IPCC estima que el conjunto de agricultura y ganadería
representan aproximadamente entre el 12-14% de las emisiones globales. Por eso
es técnicamente incorrecto y políticamente injusto presentar al agro como
culpable del cambio climático.
La agricultura y la
ganadería tienen emisiones y están cuantificadas, pero también producen
alimentos, capturan carbono en suelos y biomasa, mantienen paisajes
productivos, sostienen empleo rural, generan divisas y contribuyen a la
seguridad alimentaria global.
Un debate serio no
puede quedarse en cuantificar emisiones sin mirar qué produce cada sector, qué
función cumple y qué alternativas reales existen. Pero el problema es que
algunos sectores utilizan la agenda climática para instalar cuestionamientos contra
el agro, contra la ganadería, contra la biotecnología, contra los
fitosanitarios, contra la producción comercial y contra la propiedad privada
rural. En esos casos, utilizan la discusión del CO2 para justificar
sus agendas que buscan hace décadas atacar y debilitar al sector productivo.
El sector agropecuario
del Paraguay es un aliado central del desarrollo sostenible del país, es un
sector estratégico que produce alimentos, conserva recursos, sostiene la
economía nacional y tiene capacidad real de aportar soluciones de adaptación,
eficiencia productiva, captura de carbono y seguridad alimentaria.
V.- El caso paraguayo: porcentajes
altos, pero emisiones globales mínimas:
El caso paraguayo debe
analizarse con mucho cuidado ya que el país es responsable por solo el 0.06% de
las emisiones globales, pero si vemos las estadísticas sin ver el contexto pues
los porcentajes aparecen con un peso relativo alto a nivel país en los sectores
vinculados a la producción.
Pero eso no ocurre
porque Paraguay sea un gran emisor, como ya dijimos es mínimo. Esto ocurre porque
tenemos una matriz eléctrica limpia y renovable, una industrialización
relativamente baja y una economía fuertemente basada en la producción
agropecuaria.
En otras palabras, el
porcentaje interno puede ser alto, pero la responsabilidad global de Paraguay
es mínima, y esta diferencia es fundamental.
No es lo mismo analizar
el peso relativo dentro de un país pequeño, productor de alimentos y con
energía limpia, que analizar las emisiones absolutas de grandes economías
industrializadas que basan su desarrollo en combustibles fósiles, transporte
masivo, industria pesada y alto consumo energético.
Además, las emisiones
del sector agropecuario están asociadas a una función esencial: producir
alimentos. Paraguay no emite para sostener un modelo de consumo de lujo de sus
habitantes, ni para mantener industrias altamente dependientes de energía
fósil.
Paraguay produce carne,
granos, leche, fibras y materias primas que alimentan a millones de personas y
generan ingresos para el país. Esa diferencia debe estar en el centro del
debate climático. Por ello, el desafío es hacer que la agenda climática no
tenga una narrativa equivocada, donde el productor aparezca como sospechoso,
culpable o responsable de un problema global que fue generado principalmente
por otros modelos de desarrollo.
La posición paraguaya
debe ser clara, no se puede exigir más reportes, más indicadores, más
trazabilidad, más condicionamientos comerciales o más adaptación al sector
productivo sin financiamiento, tecnología, asistencia técnica y reconocimiento
de las circunstancias nacionales.
El principio de
responsabilidades comunes pero diferenciadas no es una frase diplomática; es
una defensa concreta para países como Paraguay. En ese sentido, resulta bastante
positivo que el Ministerio de Relaciones Exteriores y el Ministerio del
Ambiente y Desarrollo Sostenible defiendan en las negociaciones climáticas una
posición basada en las circunstancias nacionales y la soberanía del desarrollo
VI.- Conclusiones
propias:
Paraguay no debe
esperar a que la agenda se defina desde afuera sobre las negociaciones climáticas
que involucran a la agricultura, ganadería y a los demás sectores industria y
energía. Debe llegar a la próxima COP con una posición nacional clara,
construida con participación real del MAG, MADES, gremios productivos,
academia, sector privado y propietarios rurales.
El mensaje debe ser
firme, el productor campo paraguayo no puede ser presentado como culpable del
cambio climático. Debe ser reconocido como un sector estratégico para la
seguridad alimentaria, la adaptación, la captura de carbono, la conservación y
el desarrollo nacional.
Paraguay debe estar preparado para defender su realidad productiva con datos, basados en ciencia y con una posición país que deje claro al mundo que no se pueden crear cargas injustas para quienes producen so pretexto de mejorar la acción climática.
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