1 jul 2026

POR QUÉ LA AGRICULTURA PARAGUAYA DEBE PRESTAR ATENCIÓN A LA AGENDA CLIMÁTICA INTERNACIONAL – JULIO 2026

Ing. Agr. (M.Sc.) (H.Cs) Alfredo S. Molinas M.; Como Asesor Agroambiental, como Ex ministro de Ambiente y Ex Ministro de Agricultura y Ganadería de Paraguay, Actualmente Asesor de la Presidencia de la Universidad San Carlos (USC), deseamos compartir  con ustedes una reflexión sobre la agenda climática internacional para lo cual mantuvimos con el Biólogo Jorge Martínez quien en su momento fue negociador paraguayo del Acuerdo de Paris firmado en el 2015.

I.- Antes de la COP ¿Qué son las reuniones intermedias de la CMNUCC?:

Cada año antes de la Conferencia de las Partes, conocida como “COP”, los países se reúnen en Bonn, Alemania, en lo que se conoce como las reuniones de los Órganos Subsidiarios de la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático. No son la COP propiamente dicha, pero funcionan operativamente como una antesala técnica y política, donde se preparan textos, se ordenan desacuerdos y se definen los temas que luego llegarán a la negociación final.

Estos órganos son principalmente dos: el SBI, encargado de los temas de implementación, y el SBSTA, encargado del asesoramiento científico y tecnológico. Ambos se reúnen tradicionalmente dos veces al año; una vez en Bonn y otra durante la COP.

Por eso, aunque estas reuniones no tengan la visibilidad política de una COP, sus resultados son importantes. Muchas veces, lo que no se resuelve en Bonn llega trabado a la COP y lo que se instala en Bonn como lenguaje técnico puede terminar convirtiéndose luego en decisión política internacional.

II.- Reunión intermedia de Junio de 2026 y el camino hacia la COP31:

La reciente reunión intermedia de la SB64 se realizó en Bonn del 8 al 18 de junio de 2026. En esta reunión particularmente no se aprobaron grandes decisiones finales, pero sí se discutieron varios temas que llegarán a la COP31: adaptación, financiamiento climático, mitigación, transición justa, comercio y cambio climático, ciencia climática y el programa de trabajo sobre agricultura y seguridad alimentaria.

Aquí está el punto central para Paraguay, que cuando estos temas avanzan en la agenda internacional, tarde o temprano se traducen en exigencias de reporte, indicadores, acceso a financiamiento, condiciones comerciales o nuevas narrativas sobre los sectores productivos.

III.- Puntos que pueden impactar al sector agropecuario:

El primer tema es la adaptación, ya que la agricultura es uno de los sectores más expuestos a sequías, inundaciones, olas de calor, incendios, cambios en los regímenes de lluvia y eventos extremos.

Sin embargo, en Bonn no hubo acuerdo sobre el Objetivo Global de Adaptación, justamente por desacuerdos vinculados al financiamiento, los indicadores y la forma de medir el avance. El tema fue trasladado a la COP31 sin texto acordado.

El segundo tema es el financiamiento climático. Los países en desarrollo vienen insistiendo en que no se pueden exigir nuevas acciones climáticas sin recursos, tecnología y fortalecimiento de capacidades.

Este es un punto de conflicto eterno entre los países desarrollados y países en desarrollo, especialmente sobre cuánto debe ser financiamiento público, quién debe proveerlo y cómo se accede efectivamente a esos recursos.

El tercer tema es la mitigación, donde tampoco se logró acuerdos en las reuniones de junio y fue dejado para las reuniones de la próxima COP31.

El tema de mitigacion es importante porque cuando se habla de reducción de emisiones, muchos actores internacionales tienden a mirar rápidamente hacia la agricultura, la ganadería, el uso de la tierra y los sistemas alimentarios, aun cuando el peso global de las emisiones está concentrado principalmente en energía, industria y transporte.

El cuarto tema es comercio y cambio climático. En Bonn se realizó el primer diálogo formal sobre clima y comercio, un espacio que parte como una discusión estéril y útil para cooperación, pero también riesgoso para países exportadores de alimentos.

Los países en desarrollo desde hace tiempo vienen advirtiendo que ciertas medidas climáticas que algunos países y grupos de países promueven tienen un impacto en el comercio y esto puede aumentar costos, restringir acceso a mercados y funcionar como barreras comerciales encubiertas.

El quinto tema, y quizás el más directo para Paraguay, es el Programa de Trabajo de Sharm el-Sheikh sobre agricultura y seguridad alimentaria. En esta reunión se continuó el tratamiento de este proceso, se reconoció que los países están incorporando cada vez más la acción climática en agricultura, sistemas y seguridad alimentarios dentro de sus planes nacionales, y se acordó seguir el tratamiento del tema durante la COP31.

IV.- ¿Por qué la agricultura queda siempre “en la mira”?:

La agricultura queda siempre “en la mira” no porque sea la principal responsable del cambio climático global, sino porque es un sector visible, territorial, medible y políticamente fácil de señalar. Produce alimentos, utiliza el suelo, depende del clima, trabaja con recursos naturales, sostiene cadenas de exportación y está presente en millones de hectáreas.

Esa visibilidad hace que muchos actores internacionales intenten convertir al sector agropecuario en el rostro del problema climático, aun cuando los mayores responsables globales se encuentran principalmente en energía, industria, transporte y consumo urbano.

Esta es una distorsión que Paraguay debe enfrentar con claridad. La agricultura y la ganadería no pueden ser tratadas como si fueran equivalentes a los grandes complejos industriales, energéticos o de transporte de los países desarrollados. Una cosa es producir alimentos, carne, granos, leche, fibras y materias primas para alimentar a la población mundial, y otra muy distinta es sostener modelos de consumo altamente intensivos en energía fósil, transporte, calefacción, refrigeración, industrias pesadas y estilos de vida urbanos de alto impacto.

El propio IPCC muestra que la discusión no puede simplificarse ya que, en el Sexto Informe de Evaluación, el IPCC estima que el conjunto de agricultura y ganadería representan aproximadamente entre el 12-14% de las emisiones globales. Por eso es técnicamente incorrecto y políticamente injusto presentar al agro como culpable del cambio climático.

La agricultura y la ganadería tienen emisiones y están cuantificadas, pero también producen alimentos, capturan carbono en suelos y biomasa, mantienen paisajes productivos, sostienen empleo rural, generan divisas y contribuyen a la seguridad alimentaria global.

Un debate serio no puede quedarse en cuantificar emisiones sin mirar qué produce cada sector, qué función cumple y qué alternativas reales existen. Pero el problema es que algunos sectores utilizan la agenda climática para instalar cuestionamientos contra el agro, contra la ganadería, contra la biotecnología, contra los fitosanitarios, contra la producción comercial y contra la propiedad privada rural. En esos casos, utilizan la discusión del CO2 para justificar sus agendas que buscan hace décadas atacar y debilitar al sector productivo.

El sector agropecuario del Paraguay es un aliado central del desarrollo sostenible del país, es un sector estratégico que produce alimentos, conserva recursos, sostiene la economía nacional y tiene capacidad real de aportar soluciones de adaptación, eficiencia productiva, captura de carbono y seguridad alimentaria.

V.- El caso paraguayo: porcentajes altos, pero emisiones globales mínimas:

El caso paraguayo debe analizarse con mucho cuidado ya que el país es responsable por solo el 0.06% de las emisiones globales, pero si vemos las estadísticas sin ver el contexto pues los porcentajes aparecen con un peso relativo alto a nivel país en los sectores vinculados a la producción.

Pero eso no ocurre porque Paraguay sea un gran emisor, como ya dijimos es mínimo. Esto ocurre porque tenemos una matriz eléctrica limpia y renovable, una industrialización relativamente baja y una economía fuertemente basada en la producción agropecuaria.

En otras palabras, el porcentaje interno puede ser alto, pero la responsabilidad global de Paraguay es mínima, y esta diferencia es fundamental.

No es lo mismo analizar el peso relativo dentro de un país pequeño, productor de alimentos y con energía limpia, que analizar las emisiones absolutas de grandes economías industrializadas que basan su desarrollo en combustibles fósiles, transporte masivo, industria pesada y alto consumo energético.

Además, las emisiones del sector agropecuario están asociadas a una función esencial: producir alimentos. Paraguay no emite para sostener un modelo de consumo de lujo de sus habitantes, ni para mantener industrias altamente dependientes de energía fósil.

Paraguay produce carne, granos, leche, fibras y materias primas que alimentan a millones de personas y generan ingresos para el país. Esa diferencia debe estar en el centro del debate climático. Por ello, el desafío es hacer que la agenda climática no tenga una narrativa equivocada, donde el productor aparezca como sospechoso, culpable o responsable de un problema global que fue generado principalmente por otros modelos de desarrollo.

La posición paraguaya debe ser clara, no se puede exigir más reportes, más indicadores, más trazabilidad, más condicionamientos comerciales o más adaptación al sector productivo sin financiamiento, tecnología, asistencia técnica y reconocimiento de las circunstancias nacionales.

El principio de responsabilidades comunes pero diferenciadas no es una frase diplomática; es una defensa concreta para países como Paraguay. En ese sentido, resulta bastante positivo que el Ministerio de Relaciones Exteriores y el Ministerio del Ambiente y Desarrollo Sostenible defiendan en las negociaciones climáticas una posición basada en las circunstancias nacionales y la soberanía del desarrollo

VI.- Conclusiones propias:

Paraguay no debe esperar a que la agenda se defina desde afuera sobre las negociaciones climáticas que involucran a la agricultura, ganadería y a los demás sectores industria y energía. Debe llegar a la próxima COP con una posición nacional clara, construida con participación real del MAG, MADES, gremios productivos, academia, sector privado y propietarios rurales.

El mensaje debe ser firme, el productor campo paraguayo no puede ser presentado como culpable del cambio climático. Debe ser reconocido como un sector estratégico para la seguridad alimentaria, la adaptación, la captura de carbono, la conservación y el desarrollo nacional.

Paraguay debe estar preparado para defender su realidad productiva con datos, basados en ciencia y con una posición país que deje claro al mundo que no se pueden crear cargas injustas para quienes producen so pretexto de mejorar la acción climática.

Final del formulario

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.

Medio Ambiente

El medio ambiente debe ser considerado como parte integral y armónica del conjunto de tareas que garanticen el desarrollo sostenible de un país como Paraguay (Molinas 2006).

El problema de la sostenibilidad es en el fondo un problema de desarrollo, de erradicación de la pobreza, de educación colectiva, de mentalidad y hábitos sociales, de cultura política, de mecanismos institucionales que incorporen la participación de la sociedad civil en la toma de decisiones, de nuevas formas de producir y de consumir, de equidad y cooperación en las relaciones internacionales, se trata, en suma, de colocar al ser humano en el centro de nuestras preocupaciones, porque si las personas no están protegidas, la naturaleza tendrá, entonces, pocas oportunidades.

Para avanzar verdaderamente hacia el desarrollo sostenible debemos asumir nuestra responsabilidad local con enfoque global en la lucha que la humanidad esta encarando por preservar en el largo plazo los ciclos vitales de la vida de los que depende la existencia misma del ser humano sobre la tierra, debemos hacer un esfuerzo local con perspectiva global (Molinas 2008).