26 ago 2026

LA HIPOCRESÍA AMBIENTAL DE LAS ONG: CUANDO LA MEMORIA SE ACOMODA AL DISCURSO – AGOSTO 2026

Ing. Agr. (M.Sc.) (H.Cs) Alfredo S. Molinas M.; Como Asesor Agroambiental, como Ex ministro de Ambiente y Ex Ministro de Agricultura y Ganadería de Paraguay, y Actualmente Asesor de la Presidencia de la Universidad San Carlos (USC), deseamos compartir  con ustedes unas opiniones sobre un tema que hay que discutir en el tema ambiental y que nos parece importante compartir con los lectores de este blog. 


I.- INTRODUCCION

1.- El debate generado alrededor del Parque Nacional Médanos del Chaco vuelve a mostrar una característica recurrente de ciertas organizaciones ambientalistas del Paraguay, que mantienen una enorme capacidad para presentar posiciones coyunturales como si fueran principios que siempre hubieran defendido.

2.- Hoy escuchamos discursos categóricos sobre la intangibilidad de las áreas protegidas. Se afirma que determinadas actividades ni siquiera deberían ser discutidas, evaluadas o estudiadas porque afectarían espacios que deben permanecer absolutamente al margen de cualquier intervención.

3.- Y hasta quizás sea una posición legítima, pero también es legítimo preguntar ¿esa misma posición han tenido siempre o han mantenido esa rigurosidad a los largo del tiempo?

4.- Porque la historia ambiental reciente del Paraguay muestra situaciones bastante diferentes y sin entrar a individualizar a nadie para recordarlas basta con revisar los archivos para conocer sus posiciones fluctuantes de acuerdo con la conveniencia de los mismos.

II.- DEFENDER ÁREAS PROTEGIDAS ES MUCHO MÁS QUE LEVANTAR UNA BANDERA

1.- Las áreas silvestres protegidas constituyen patrimonio ambiental del Paraguay y deben ser efectivamente conservadas, pero conservar no significa solamente declarar cientos de miles de hectáreas sobre un mapa y posteriormente impedir cualquier discusión sobre ellas.

2.- Alguien debe financiarlas, mensurarlas, construir y mantener puestos de control, alguien debe pagar guardaparques, vehículos, combustible, equipos, monitoreo, investigación científica y planes de manejo.

3.- Y, sobre todo, alguien debe resolver los conflictos territoriales, sociales y económicos que existen alrededor de ellas. Es bastante sencillo reclamar la intangibilidad absoluta de un territorio cuando el costo de mantener esa intangibilidad lo asume otro.

4.- Y la conservación de la biodiversidad y sobre qué hacer con las áreas protegidas no es un monopolio de las organizaciones ambientalistas, que llegan al colmo de querer impedir los debates científicos sobre la forma y mecanismos de conservación.

5.- Mucho menos cuando observamos lo que ocurrió históricamente cuando algunos sectores que hoy levantan las banderas de la conservación tuvieron influencia directa o indirecta sobre las decisiones ambientales negativas del país, se oponían incluso a la ley de deforestación cero y promovían la cacería de la vida silvestre o el atropello a los parques nacionales.

III.- CUANDO CAZAR TEYÚS TENÍA “VALIDEZ CIENTÍFICA”

1.- La memoria es particularmente interesante cuando retrocedemos apenas hasta 2014, en aquel momento la autoridad ambiental nacional manejada por representantes de ONG habilitó por resolución la caza de hasta 214.000 ejemplares de tejú guasu, una decisión que provocó una enorme reacción ciudadana y terminó siendo suspendida.

2.- Pero lo interesante no es solamente que aquella resolución haya existido. Durante la controversia, la autoridad ambiental y representantes de conocidas ONG que hoy marchan por los Médanos habían expresado públicamente que defendían la habilitación de la caza, sosteniendo que tenía “validez científica”.

3.- No decimos que aquello haya sido incorrecto, al contrario, el antecedente demuestra algo mucho más importante: en materia ambiental existen manejo, aprovechamiento, estudios, evaluación de impactos y decisiones técnicas que dependen de las circunstancias.

4.- Ese principio parece perfectamente aceptable cuando sirve para justificar determinadas decisiones. Pero desaparece cuando se plantea, por ejemplo, estudiar científicamente qué existe debajo del suelo de Médanos del Chaco.

5.- Entonces ya no se habla de evaluación, se habla de prohibición, no se pide información y se exige que ni siquiera se investigue.

La contradicción resulta evidente

IV.- ÑACUNDAY: CUANDO LA INTANGIBILIDAD PODÍA ESPERAR

1.- Otro ejemplo mucho más grave ocurrió en 2012. En medio de un conflicto social por la tierra, los denominados “carperos” ocuparon parte del Parque Nacional Ñacunday con el visto bueno del Gobierno y de las autoridades de la SEAM de la época.

2.- En aquella época la prensa de aquella denunciaba expresamente que una parte del Parque Nacional Ñacunday había sido ocupada con anuencia gubernamental y advertía sobre las consecuencias de utilizar un patrimonio natural para resolver un conflicto social.

3.- En ese entonces la SEAM manejada también por representantes de ONG que hoy “defienden a los Médanos del Chaco” no tuvieron ningún empacho en afectar un parque nacional llevando a los carperos a dicha área protegida, sin saber siquiera cuántas hectáreas estaban ocupadas ni cuántas personas se encontraban dentro del campamento.

4.- Aquello ocurrió hace menos de 20 años, sin embargo, resulta llamativo observar que muchos discursos actuales parecen partir de una suerte de año cero ambiental, como si quienes hoy pontifican sobre lo que puede o no hacerse dentro de un área protegida nunca hubieran participado, acompañado, justificado o convivido políticamente con decisiones muchísimo más difíciles de explicar.

5.- Nos preguntamos entonces ¿Una prospección técnicamente regulada constituye una amenaza intolerable, pero instalar personas dentro de un parque nacional podía ser relativizado por razones sociales? ¿Dónde termina entonces el principio ambiental y dónde comienza la conveniencia política?

V.- CERRO LEÓN: CUANDO UNA PROSPECCIÓN DENTRO DE UN PARQUE SÍ PODÍA DISCUTIRSE

1.- Existe todavía otro antecedente que resulta particularmente pertinente para el debate actual. En 2015 se discutieron públicamente trabajos de prospección y extracción de recursos pétreos en Cerro León, dentro del Parque Nacional Defensores del Chaco, relacionados con proyectos viales impulsados por el Estado.

2.- La prensa registró expresamente declaraciones de la propia autoridad ambiental sobre esos trabajos y las advertencias formuladas por organizaciones respecto de sus posibles impactos sobre el parque y sobre pueblos indígenas en aislamiento.

3.- Y aquí aparece una pregunta inevitable. Si la sola idea de realizar una prospección dentro de un área protegida es hoy presentada como ambientalmente inadmisible, ¿por qué esa doctrina aparentemente absoluta no existía con la misma intensidad cuando se discutían prospecciones de material pétreo en otra de las áreas protegidas más emblemáticas del Paraguay?

4.- O sea, nada de esto era un problema cuando aparecen personas ligadas a las ONG, que hoy pretenden juzgar a todos como si jamás hubieran tenido posiciones diferentes cuando administraban a la Secretaria del Ambiente hoy MADES.

5.- Paradójicamente, quienes hoy reclaman la necesidad de generar mayor ciencia en el país para tener mayor conocimiento, en este caso parecen pretender exactamente lo contrario; primero prohibir, luego evitamos que se produzca la información y por último prohibimos la discusión.

6.- Es ahí que cuando convenía defender el manejo de fauna silvestre, se apelaba a la ciencia, cuando existían conflictos sociales dentro de un parque nacional, aparecían las razones sociales, cuando el estado pretendía obtener material pétreo dentro de otra área protegida, la prospección entraba dentro del debate institucional.

7.- Pero cuando aparece una discusión sobre Médanos del Chaco, súbitamente pareciera que cualquier evaluación constituye un perversión, y eso no es coherencia ambiental sino un Ambientalismo Selectivo.

VI.- CRISIS DE IDENTIDAD O DE FINANCIAMIENTO

1.- Existe todavía otra contradicción que pocas veces forma parte del discurso público de las ONG, acerca de su relación con el Estado y como cambia considerablemente cuando aparecen los recursos financieros.

2.- Para determinadas discusiones, el Estado paraguayo parece ser incapaz de administrar sus propios recursos naturales, sus instituciones no serían suficientemente confiables, sus decisiones deberían ser permanentemente cuestionadas y sus proyectos serían sospechosos.

3.- Sin embargo, cuando ese mismo Estado sirve como puerta de entrada a millones de dólares de cooperación ambiental internacional, la desconfianza parece desaparecer rápidamente. Si comenzamos a profundizar el manejo de los proyectos ambientales que el estado entrega la administración a las ONG llegamos a montos siderales de millones de dólares, que el financiamiento viene para el estado paraguayo y el gobierno le otorga implementación o ejecución a las organizaciones conservacionistas.

4.- O sea, el estado no funciona cuando opera solo, pero si funciona cuando las organizaciones de la sociedad civil co-ejecutan los proyectos de cooperación. Cuando aparecen los millones de dólares que requieren institucionalidad pública, liderazgo nacional y proyectos desarrollados sobre patrimonio ambiental paraguayo, entonces “papá Estado” vuelve a estar por el camino correcto.

5.- Cuando se trata de producir, desarrollar o estudiar nuestros recursos, algunos quieren un Estado pequeño, limitado y permanentemente bajo sospecha. Pero cuando se trata de conseguir financiamiento ambiental internacional, papá Estado de las ONG recuperan repentinamente toda su legitimidad.

 

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Medio Ambiente

El medio ambiente debe ser considerado como parte integral y armónica del conjunto de tareas que garanticen el desarrollo sostenible de un país como Paraguay (Molinas 2006).

El problema de la sostenibilidad es en el fondo un problema de desarrollo, de erradicación de la pobreza, de educación colectiva, de mentalidad y hábitos sociales, de cultura política, de mecanismos institucionales que incorporen la participación de la sociedad civil en la toma de decisiones, de nuevas formas de producir y de consumir, de equidad y cooperación en las relaciones internacionales, se trata, en suma, de colocar al ser humano en el centro de nuestras preocupaciones, porque si las personas no están protegidas, la naturaleza tendrá, entonces, pocas oportunidades.

Para avanzar verdaderamente hacia el desarrollo sostenible debemos asumir nuestra responsabilidad local con enfoque global en la lucha que la humanidad esta encarando por preservar en el largo plazo los ciclos vitales de la vida de los que depende la existencia misma del ser humano sobre la tierra, debemos hacer un esfuerzo local con perspectiva global (Molinas 2008).