7 jul 2026

DESARROLLO SOSTENIBLE EN PARAGUAY: TRES DÉCADAS DESPUÉS DE RÍO, EL DESAFÍO SIGUE SIENDO PRODUCIR, CONSERVAR Y REDUCIR LA POBREZA - JULIO 2026

Ing. Agr. (M.Sc.) (H.Cs) Alfredo S. Molinas M.; Asesor en temas Agroambientales y como Ex ministro de Ambiente y Ex Agricultura y Ganadería de Paraguay, realizó con él Experto Lic. (M.Sc.) Jorge Martínez un AMPLIO DEBATE TÉCNICO sobre el origen y “DESARROLLO SOSTENIBLE EN PARAGUAY: TRES DÉCADAS DESPUÉS DE RÍO, EL DESAFÍO SIGUE SIENDO PRODUCIR, CONSERVAR Y REDUCIR LA POBREZA”; en calidad de representante oficial de ningún gremio, sino como actor independiente, a fin de documentar el proceso y presentar un PROCESO DE DESARROLLO SOSTENIBLE”.


I. INTRODUCCIÓN

A más de tres décadas de la Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro de 1992, el concepto de desarrollo sostenible sigue siendo uno de los grandes compromisos pendientes para América Latina y, en particular, para Paraguay. Desde entonces, se han multiplicado las declaraciones, convenciones, acuerdos internacionales, planes, estrategias y compromisos ambientales. Sin embargo, la pregunta central sigue siendo la misma:

¿hemos logrado realmente construir un modelo de desarrollo que permita crecer económicamente, reducir la pobreza, mejorar las condiciones sociales y conservar los recursos naturales al mismo tiempo?

La respuesta, al mirar la realidad paraguaya, no puede ser simplista. Paraguay ha avanzado en muchos aspectos, pero también enfrenta brechas importantes. El desarrollo sostenible no puede reducirse a discursos ambientales ni a exigencias externas que muchas veces desconocen la realidad productiva, social y territorial del país. Tampoco puede ser utilizado como una herramienta para frenar la producción, limitar inversiones o imponer modelos ajenos bajo el argumento de proteger el ambiente.

La Declaración de Río colocó al ser humano en el centro de las preocupaciones relacionadas con el desarrollo sostenible. Esta idea nos recuerda que la protección ambiental no puede separarse del bienestar humano, de la seguridad alimentaria, del empleo, de la producción de alimentos y bienes y la dignidad de las personas.

II. DISCUSIÓN DEL TEMA

En Paraguay, este debate tiene una importancia especial. Somos un país con una fuerte base agropecuaria, forestal, energética y territorial. La producción no es un elemento marginal del desarrollo nacional sino que es uno de sus pilares principales del crecimiento.

Por eso, cualquier propuesta de sostenibilidad que pretenda aplicarse al país debe reconocer el rol de los productores, de las comunidades rurales, de los propietarios, de los trabajadores, de las cooperativas, de los gremios y de todos los actores que sostienen la economía real a través del mundo rural

Uno de los errores más frecuentes en los debates ambientales actuales es presentar la producción como si fuera naturalmente contraria a la sostenibilidad, lo cual es una visión es incompleta y peligrosa manipulado por ciertos actores que desde hace décadas siempre mantienen criticas sin fundamentos al sector productivo.

En un país como Paraguay, donde gran parte del territorio está vinculado a actividades agropecuarias y forestales, la sostenibilidad no se logra excluyendo al sector productivo, sino teniéndolo como protagonista y actor principal.

La conservación de los recursos naturales, el uso eficiente del suelo, la protección de los bosques, la seguridad alimentaria y la generación de empleo dependen en gran medida de decisiones que se toman en el campo.

La economía verde, que lo presentan como una evolución ambiental de lo económico debe ser aplicada con realismo y no puede transformarse en una etiqueta para imponer restricciones, crear nuevas barreras comerciales, condicionar el acceso a créditos o trasladar al productor costos que no puede asumir.

Una economía verde que desconoce la pobreza, el empleo y la capacidad productiva de los países en desarrollo termina siendo una economía excluyente e influenciada por agendas de grupos de interés que manipulan la información de lo que se debe implementar en el campo.

Por eso, el principio de responsabilidades comunes pero diferenciadas sigue siendo plenamente vigente. Paraguay no puede ser medido con la misma vara que países altamente industrializados, que construyeron su riqueza histórica sobre modelos de producción intensivos en emisiones, consumo masivo de energía y degradación ambiental.

Exigir a países en desarrollo los mismos estándares, sin financiamiento, sin transferencia tecnológica y sin reconocer sus condiciones reales, no fortalece la sostenibilidad; al contrario, puede profundizar la desigualdad.

El verdadero desafío para Paraguay no es elegir entre producir o conservar. El desafío es producir más y mejor, conservar y distribuir mejor las oportunidades del desarrollo. Esto implica fortalecer políticas públicas que integren la sostenibilidad en la planificación nacional, pero sin caer en imposiciones desconectadas de la realidad.

También exige contar con instituciones capaces de coordinar, dialogar y construir consensos con el sector privado, los gobiernos locales, las comunidades y los gremios productivos. Que no se guíen por el financiamiento extranjero y por los programas de la cooperación internacional que tienen otros objetivos diferentes del propio PND de Paraguay.

Por tanto, Paraguay necesita una agenda propia de desarrollo sostenible. Una agenda que no niegue los compromisos internacionales, pero que los adapte a la realidad nacional. Una agenda que reconozca el valor de los ecosistemas, pero también el valor de la producción. Una agenda que promueva mejores prácticas, innovación, eficiencia, restauración, conservación y resiliencia, pero sin convertir la sostenibilidad en una carga burocrática o en un nuevo mecanismo de presión sobre el sector productivo.

III. Conclusión

Paraguay tiene condiciones para demostrar que puede producir alimentos, conservar recursos naturales y mejorar la calidad de vida de su población. Pero para ello necesita reglas claras, seguridad jurídica, participación real, financiamiento adecuado y políticas públicas construidas con base técnica y sentido nacional.

La sostenibilidad no puede ser un discurso importado ni una moda institucional. Debe ser una estrategia paraguaya de desarrollo.

A más de treinta años de la Cumbre de Río, la gran lección es clara: el desarrollo sostenible no se alcanza con declaraciones, sino con decisiones concretas que integren producción, ambiente y bienestar social.

En Paraguay, esa integración solo será posible si se reconoce que el sector productivo no es el obstáculo, sino uno de los actores principales para construir un modelo de desarrollo sostenible, soberano y compatible con la realidad nacional.

El debate ya no debe centrarse en repetir conceptos internacionales, sino en responder una pregunta concreta: ¿qué desarrollo sostenible necesita Paraguay para reducir pobreza, fortalecer su producción, conservar sus recursos naturales y defender su derecho a crecer? La respuesta debe construirse desde el país, con participación de sus sectores productivos, sus instituciones, sus comunidades y sus realidades territoriales.


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Medio Ambiente

El medio ambiente debe ser considerado como parte integral y armónica del conjunto de tareas que garanticen el desarrollo sostenible de un país como Paraguay (Molinas 2006).

El problema de la sostenibilidad es en el fondo un problema de desarrollo, de erradicación de la pobreza, de educación colectiva, de mentalidad y hábitos sociales, de cultura política, de mecanismos institucionales que incorporen la participación de la sociedad civil en la toma de decisiones, de nuevas formas de producir y de consumir, de equidad y cooperación en las relaciones internacionales, se trata, en suma, de colocar al ser humano en el centro de nuestras preocupaciones, porque si las personas no están protegidas, la naturaleza tendrá, entonces, pocas oportunidades.

Para avanzar verdaderamente hacia el desarrollo sostenible debemos asumir nuestra responsabilidad local con enfoque global en la lucha que la humanidad esta encarando por preservar en el largo plazo los ciclos vitales de la vida de los que depende la existencia misma del ser humano sobre la tierra, debemos hacer un esfuerzo local con perspectiva global (Molinas 2008).