Ing. Agr. (M.Sc.) (H.Cs)
Alfredo S. Molinas M.; Asesor en temas Agroambientales y como Ex ministro de
Ambiente y Ex Agricultura y Ganadería de Paraguay, realizó con él Experto Lic.
(M.Sc.) Jorge Martínez un AMPLIO DEBATE TÉCNICO sobre el origen y “DESARROLLO
SOSTENIBLE EN PARAGUAY: TRES DÉCADAS DESPUÉS DE RÍO, EL DESAFÍO SIGUE SIENDO
PRODUCIR, CONSERVAR Y REDUCIR LA POBREZA”; en calidad de representante oficial
de ningún gremio, sino como actor independiente, a fin de documentar el proceso
y presentar un PROCESO DE DESARROLLO SOSTENIBLE”.
I. INTRODUCCIÓN
A más de tres décadas de la
Cumbre de la Tierra de Río de Janeiro de 1992, el concepto de desarrollo
sostenible sigue siendo uno de los grandes compromisos pendientes para América
Latina y, en particular, para Paraguay. Desde entonces, se han multiplicado las
declaraciones, convenciones, acuerdos internacionales, planes, estrategias y
compromisos ambientales. Sin embargo, la pregunta central sigue siendo la
misma:
¿hemos logrado realmente
construir un modelo de desarrollo que permita crecer económicamente, reducir la
pobreza, mejorar las condiciones sociales y conservar los recursos naturales al
mismo tiempo?
La respuesta, al mirar la
realidad paraguaya, no puede ser simplista. Paraguay ha avanzado en muchos
aspectos, pero también enfrenta brechas importantes. El desarrollo sostenible
no puede reducirse a discursos ambientales ni a exigencias externas que muchas
veces desconocen la realidad productiva, social y territorial del país. Tampoco
puede ser utilizado como una herramienta para frenar la producción, limitar
inversiones o imponer modelos ajenos bajo el argumento de proteger el ambiente.
La Declaración de Río colocó
al ser humano en el centro de las preocupaciones relacionadas con el desarrollo
sostenible. Esta idea nos recuerda que la protección ambiental no puede
separarse del bienestar humano, de la seguridad alimentaria, del empleo, de la
producción de alimentos y bienes y la dignidad de las personas.
II. DISCUSIÓN DEL TEMA
En Paraguay, este debate tiene
una importancia especial. Somos un país con una fuerte base agropecuaria,
forestal, energética y territorial. La producción no es un elemento marginal
del desarrollo nacional sino que es uno de sus pilares principales del
crecimiento.
Por eso, cualquier propuesta
de sostenibilidad que pretenda aplicarse al país debe reconocer el rol de los
productores, de las comunidades rurales, de los propietarios, de los
trabajadores, de las cooperativas, de los gremios y de todos los actores que
sostienen la economía real a través del mundo rural
Uno de los errores más
frecuentes en los debates ambientales actuales es presentar la producción como
si fuera naturalmente contraria a la sostenibilidad, lo cual es una visión es
incompleta y peligrosa manipulado por ciertos actores que desde hace décadas
siempre mantienen criticas sin fundamentos al sector productivo.
En un país como Paraguay,
donde gran parte del territorio está vinculado a actividades agropecuarias y
forestales, la sostenibilidad no se logra excluyendo al sector productivo, sino
teniéndolo como protagonista y actor principal.
La conservación de los
recursos naturales, el uso eficiente del suelo, la protección de los bosques,
la seguridad alimentaria y la generación de empleo dependen en gran medida de
decisiones que se toman en el campo.
La economía verde, que lo
presentan como una evolución ambiental de lo económico debe ser aplicada con
realismo y no puede transformarse en una etiqueta para imponer restricciones,
crear nuevas barreras comerciales, condicionar el acceso a créditos o trasladar
al productor costos que no puede asumir.
Una economía verde que
desconoce la pobreza, el empleo y la capacidad productiva de los países en
desarrollo termina siendo una economía excluyente e influenciada por agendas de
grupos de interés que manipulan la información de lo que se debe implementar en
el campo.
Por eso, el principio de
responsabilidades comunes pero diferenciadas sigue siendo plenamente vigente.
Paraguay no puede ser medido con la misma vara que países altamente
industrializados, que construyeron su riqueza histórica sobre modelos de
producción intensivos en emisiones, consumo masivo de energía y degradación
ambiental.
Exigir a países en desarrollo
los mismos estándares, sin financiamiento, sin transferencia tecnológica y sin
reconocer sus condiciones reales, no fortalece la sostenibilidad; al contrario,
puede profundizar la desigualdad.
El verdadero desafío para
Paraguay no es elegir entre producir o conservar. El desafío es producir más y mejor,
conservar y distribuir mejor las oportunidades del desarrollo. Esto implica
fortalecer políticas públicas que integren la sostenibilidad en la
planificación nacional, pero sin caer en imposiciones desconectadas de la
realidad.
También exige contar con instituciones
capaces de coordinar, dialogar y construir consensos con el sector privado, los
gobiernos locales, las comunidades y los gremios productivos. Que no se guíen
por el financiamiento extranjero y por los programas de la cooperación
internacional que tienen otros objetivos diferentes del propio PND de Paraguay.
Por tanto, Paraguay necesita
una agenda propia de desarrollo sostenible. Una agenda que no niegue los compromisos
internacionales, pero que los adapte a la realidad nacional. Una agenda que
reconozca el valor de los ecosistemas, pero también el valor de la producción.
Una agenda que promueva mejores prácticas, innovación, eficiencia,
restauración, conservación y resiliencia, pero sin convertir la sostenibilidad
en una carga burocrática o en un nuevo mecanismo de presión sobre el sector
productivo.
III. Conclusión
Paraguay tiene condiciones
para demostrar que puede producir alimentos, conservar recursos naturales y
mejorar la calidad de vida de su población. Pero para ello necesita reglas
claras, seguridad jurídica, participación real, financiamiento adecuado y
políticas públicas construidas con base técnica y sentido nacional.
La sostenibilidad no puede ser
un discurso importado ni una moda institucional. Debe ser una estrategia
paraguaya de desarrollo.
A más de treinta años de la
Cumbre de Río, la gran lección es clara: el desarrollo sostenible no se alcanza
con declaraciones, sino con decisiones concretas que integren producción,
ambiente y bienestar social.
En Paraguay, esa integración
solo será posible si se reconoce que el sector productivo no es el obstáculo,
sino uno de los actores principales para construir un modelo de desarrollo
sostenible, soberano y compatible con la realidad nacional.
El debate ya no debe centrarse
en repetir conceptos internacionales, sino en responder una pregunta concreta:
¿qué desarrollo sostenible necesita Paraguay para reducir pobreza, fortalecer
su producción, conservar sus recursos naturales y defender su derecho a crecer?
La respuesta debe construirse desde el país, con participación de sus sectores
productivos, sus instituciones, sus comunidades y sus realidades territoriales.
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